Déjalo pasar

Nada queda por decir salvo adiós

” Parece haber cierto orden en el universo, en el movimiento de las estrellas, en la rotación de la tierra y en el cambio de las estaciones. Pero la vida humana es todo un caos. Todos toman una posición, imponen sus derechos y sentimientos, malinterpretando los motivos de los demás y los suyos propios” – Katherine Anne Porter.

 

Cuando las cosas no son como debieran, ni tan siquiera las buenas intenciones te pueden salvar. Temes no poder detener eso que has empezado. Sabes donde no buscar. Pisas firme y con decisión, pero lo único que hay a tus pies son las cenizas de los sueños e ilusiones que dejaste morir. Crees estar en uno de esos caminos que no llevan a ninguna parte, lamentándote por algo que nunca tendrás y por cosas que nadie nunca sabrá, pero créeme cuando te digo que todo está en el lugar correcto. El truco consiste en seguir respirando y en asumir que el corazón (casi) siempre te marcará el camino de vuelta.

Hay un momento en el que es mejor hacer como si nada hubiera pasado, como si jamás te hubieras encontrado en esa situación o como si nadie te hubiera llevado al límite. Conviene dejar aquello que nunca será. Disfrutar de la tranquilidad de quien sabe que no ha de esperar nada. Sin rencores ni culpas compartidas. Sin mentirnos a nosotros mismos. Es evidente que hay cosas que lamentar, cosas que sin duda desearías borrar, cosas que cambiarías si pudieras. Pero todos tenemos que vivir con los efectos de nuestras decisiones, con las consecuencias de nuestros actos.

Y está claro, nunca es fácil renunciar a algo. No hay peor batalla que la que se libra con uno mismo. Pero será la única victoria que te haga merecedor del resto. Ya va siendo hora de aceptar que todas las historias tienen fecha de caducidad, incluso aquellas que menos lo esperan. Esa fecha siempre termina llegando. Algunas veces el corazón quiere seguir pero la cabeza dice no. Otras es más bien al contrario. Sólo hay que dejarlo pasar. Enseñarse a olvidar. Aprender a vivir.

Estándar
Martes con mi viejo profesor.

Como pasado de un presente que no puede dejar de mirar atrás.

“Ningún hombre, durante un periodo considerable, puede llevar un rostro para él mismo y otro para la multitud, sin tener que preguntarse finalmente cuál de los dos es real.” – Nathaniel Hawthrone.

Demasiados claroscuros. Eso es lo que ves cuando, agotado, echas la vista hacia atrás. Te cuestionas qué has hecho. Sientes lástima por ti mismo. Pero ni la madurez ni la perspectiva que te dan los años te permiten ver las cosas con mayor nitidez. Ya no hay vuelta atrás.

Llevas tanto tiempo mintiéndote a ti mismo para poder subsistir, que no concibes otra forma de vida. Dudas. Tal vez la respuesta esté en aquello que ni siquiera te atreves a preguntar. Sin consciencia real de aquello en lo que te has convertido, presumes de lo (mal) vivido. Porque en esta vida no hay tiempo para asumir consecuencias. “¿Para qué?”, escupes hacia tus adentros.

Te plantas ante el espejo, te miras a los ojos y te das cuenta de que ya está todo dicho. Te consuela creer que aún puedes elegir. Pero no. Uno no escoge si recuerda u olvida. Te adaptas a lo que va llegando y aprendes a vivir con ello. Ya no intentas cambiar las cosas, ahora te basta con que las cosas no terminen cambiándote a ti. 

Ha pasado demasiado tiempo y, tras haberte tragado todas las palabras que deberían haberse dicho, tu garganta apenas está ya resentida. Te alimentas de esas personas que aterrizan en tu vida casi por equivocación. Temes que se marchen como lo hicieron las que se fueron quedando por el camino, las de siempre. Las saboreas pacientemente, preguntas, cuestionas todo e intentas comprender sus miedos. Deseas conocer de dónde vienen y hacia dónde van, saber cuál es su historia. Asumes que habrá un tiempo limitado entre ambas partes y haces todo lo posible por construir una complicidad que no se pueda olvidar fácilmente. Demasiado tiempo desaprovechado como para permitirnos que las cosas sucedan por sí solas. Porque tarde o temprano todo vuelve a su sitio. Excepto el tiempo perdido.

@Ferlopher

(X Ambassadors – Renegades)

Estándar
#Mapmakers

¿Cuándo perdimos el rumbo?

¿Qué está pasando? ¿Vamos a permitir que el miedo se apodere de nuestras vidas?

Demasiadas preguntas sin respuesta. Vivimos en un mundo en el que el ruido de lo irrelevante nos hace obviar aquello que realmente importa. Nos ponemos intencionadamente una venda en los ojos para no ver lo que no nos interesa o conviene. Y cuando la realidad se hace presente, cuando todos esos miedos que aguardan en silencio deciden hacerse notar, nos quedamos sin palabras. Nos quedamos sin respuestas.

Tal vez sea eso lo que haga falta, que el silencio caiga sobre todos nosotros para que nos veamos obligados a hacer nuestro propio ruido. Que el silencio se vuelva tan intenso que empecemos a extrañar lo verdaderamente importante. Y que nuestra conciencia nos haga recuperar la integridad.

Tenemos miedo al silencio, casi tanto como a la soledad. Esa abrumadora falta de ruido nos obliga a pensar. Nos empuja a actuar. Y nos invita a dibujar nuestro propio camino sin necesidad de seguir a todo ese barullo.

Somos víctimas de nuestra falta de valor, nuestra comodidad y nuestra propia estupidez. Somos tan tontos que creemos que todo irá mejor si nos tapamos los ojos y seguimos el mismo trayecto que el resto de gente, aunque sepamos que no nos lleva a ningún lado.

Sé que da miedo. Que la realidad puede resultar amenazadora. Pero debemos entender que sólo nos podremos enfrentar a ella si nos retiramos esa venda de los ojos. Cuando las cosas parecen más desesperadas es cuando más cerca estamos de comenzar a luchar.

¿A qué esperas? ¡Deja de pensarlo y hazlo! Lo que sea. Hazlo ya. Todo. Y vuélvelo a hacer. No importa que nadie esté de acuerdo contigo ni lo que los demás puedan pensar. Dentro de unos años no querrás estar pensando en el camino que no recorriste por miedo (a empezar a dibujar).

Estándar
#Mapmakers, Sin categoría

Mitad de ti, mitad de allí.

“Quizá todos demos indiscriminadamente lo mejor de nuestros corazones a aquellos, que en cambio, apenas piensan en nosotros.” – T. H. White

Nací y crecí en un lugar como otro cualquiera, sin nada realmente especial, con personas (más o menos) normales, como tú o como yo, pero con ese particular encanto que te hace ir descubriendo poco a poco lo que la vida te puede (o debe) deparar.

Es un lugar de esos que te invitan a creer en ti, a confiar en los demás, en la amistad o en el amor, y en la importancia de una noche cualquiera de verano, capaz de cambiar todo tu mundo sin que apenas lo puedas evitar.

Es un sitio lleno de magia, la propia o la que otros emanan, la que recibes un día sin darte cuenta, cuando ya sientes que formas parte de él. Esa magia que a veces nuestro lado más crítico y amargo no nos permite ver, esa magia que puede tornarse en envidia si no encuentras tu milagro, o si ese milagro no termina de encontrarte a ti.

Ese lugar me ha visto crecer y aprender, demasiado (poco) en algunos casos. Me ha dado tantas lecciones como la propia vida, con su lado más alegre y su lado más jodido. También me ha enseñado a decir adiós, unas veces sin previo aviso y otras muchas con retornos que han sabido más bien a poco.

Esa pequeña parte de ti (y de mi) que se identifica con este texto, jamás debería olvidar que lo que somos se debe al lugar donde hemos nacido y crecido. Todos y cada uno de nosotros se lleva, quiera o no, algo de allí y tiene la obligación de devolverlo, al menos en la misma proporción. Porque la mitad de lo que ya podrías ser depende de lo que hayas sido capaz de encontrar en ese camino (lleno de cuestas). Y porque la otra mitad de lo que podrías llegar a ser, puede marcar el camino de muchos otros que vendrán después.

Un lugar como otro cualquiera, sí, pero un lugar en el que nos dejamos la vida (por disfrutar) para que otros puedan (soñar y) descubrir lo que la vida les puede deparar.

@Ferlopher

 

(Wiz Khalifa – See you again / http://spoti.fi/1GjxtMU)

Estándar
Déjalo pasar

Nadie quiere irse de donde ha sido feliz.

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.” – Joaquín Sabina.

Nadie quiere irse de dónde ha sido feliz.
Cómo culparnos si nos pasamos media vida quejándonos de lo puta que es
y
la otra media buscando medias naranjas cuando,
seguramente,
ya hayamos desarrollado alergia a los cítricos.
Supongo que no quería dejar de sentir la música en todo mi cuerpo
ni las caricias de tus manos llevándome con suavidad en cada un, dos, tres del son.
Daniel Santacruz cantaba aquello de no quiero separarme de ti ni un momento.
Y yo.
Yo no tenía ni puta idea de como no traerme tu perfume a casa.
No quería desentrelazar tus piernas como si el vaivén de mis caderas pudiera producirnos un orgasmo múltiple.
Lento.
Intenté sin éxito no arrimar tu cuerpo al mío
ni cerrar los ojos
para así evitar sentir tu respiración
a dos besos y tres suspiros de mis labios.
Fue inutil no dejarme llevar mientras tus manos acariciaban mi cintura
y mis pies seguían tu compás.
Me dejé querer
durante los cuatro minutos
que duraba el tema, pero.
La música ha cesado.
He abierto los ojos
y.
La realidad.
Lo cierto es que llueve.
Y hace frío.
Como la primera vez que me felicitaste por alguna mierda de las que escribo.
Como la primera vez que empezamos a dilucidar sobre cervezas en cualquier bar
y
Kizombas en la 406.

@shuanmolamazo

Estándar
Martes con mi viejo profesor.

Nuestro pasado nos encuadra.

“Para hacer cumplir las mentiras del presente, es necesario borrar las verdades del pasado.” – George Orwell

“Es divertido ver como nuestro pasado nos encuadra. Como la persona que solíamos ser nunca se pierde de la persona que somos. Los fallos y decepciones pasadas, incluso las victorias, forman parte de nosotros, nos rondan como fantasmas o nos visitan como viejos amigos.”

 

(Audioslave – Be yourself / http://spoti.fi/1Mzzzf9)

Estándar
Déjalo pasar.

Cuando todo no es suficiente.

“Me parece que si tú o yo debemos escoger entre dos cursos de pensamiento o acción, debemos recordar nuestra muerte e intentar vivir de tal forma que nuestra muerte no traiga placer al mundo.” – John Steinbeck

Todo sería más fácil si le pudiera poner nombre a esto. O si tú no se lo hubieras puesto. Todo sería más llevadero si fuese(s) capaz de entender con qué cargo a mis espaldas. O si tú no me hicieras sentir como un lastre. Todo sería menos complicado si pudiéramos tenernos. O si al menos dejásemos de buscarnos. Todo esto dolería mucho menos si aquellas primeras heridas ya hubieran cicatrizado. O si ambos nos permitiéramos una tregua para curarnos. No lo sé. Sin embargo, algo sigue fallando.

Algo no funciona. O lo hace pero no es suficiente. No lo sé. No deberían existir reglas ni prejuicios. Tampoco corazas, puertas por abrir o llaves más que desgastadas. Algo no va bien cuando solemos tener más presentes a nuestros demonios que a nuestros sueños. O cuando a estas alturas aún seguimos dudando sobre si merece la pena seguir luchando. Por no decir huyendo. Algo va mal cuando lo que es justo se vuelve tan subjetivo que termina pareciéndose al rencor.

Tiene mucho que ver con nosotros. Con lo que somos. O con lo que queremos. Tú y yo. Y en ocasiones con las ganas de jugar con las casualidades que tenga el pasado. Que no el destino. Nunca sabremos cuánto nos deseamos. Jamás conoceremos si esta historia es tan increíble (o decepcionante) como aparenta ser. Algo apesta (a dolor). Pero no nos fustiguemos, ni aunque prevalezca esa sensación tan injusta de no ser lo suficiente. Porque nunca fuimos parte de algo, ni jamás quedará nada de ese todo.

@Ferlopher.

 

 

(Passenger – Let her go / http://spoti.fi/1dzyK2s)

Estándar