Martes con mi viejo profesor.

Palabras.

“Es mejor escribir para uno mismo y no encontrar público, que escribir para el público y no encontrase a uno mismo.” – Cyril Connolly.

Es probable que des con un libro, un poema o un texto cualquiera que te haga sentir mejor. Tal vez no consigas cambiar nada al hacerlo pero alivia leer en palabras de otro eso que llevas tiempo intentando sacar y no sabías cómo. Y es que siempre ha resultado más complicado abrazar con nuestras propias palabras ese montón de cosas a las que somos incapaces de dar sentido. Las ideas se nos nublan cuando toca poner las cartas sobre la mesa y nos resulta más sencillo escapar para llegar a ninguna parte que enfrentarnos a la realidad.

Puedes librar mil batallas imaginarias o puedes usar la escritura como vía de escape. Te costará hallarte entre tanto sujeto y predicado. Podrá parecerte un intento en vano por reencontrarte contigo mismo pero tal vez cambie tu suerte. No necesitas demasiado tiempo o espacio, ni tan siquiera te necesitas a ti mismo. Basta con que permitas a tus estados de ánimo tomar la palabra. No se trata de hacerlo bien o mal, ni de dar sentido a esos puntos suspensivos que te han dejado incompleto. Tú mayor logro será no quedarte con las ganas, esa es la peor forma de perder (y darse por perdido) que jamás conocerás.

Y si lo haces, no lo hagas por o para nadie excepto para ti mismo. Menos aún para esas personas que ya se han ido. Escribir para alguien que no quiso quedarse es borrar un poquito de cada uno de nosotros mismos, haciéndonos desaparecer a mitad de camino entre olvidar sin decir adiós y decir adiós sin llegar a olvidar. Tienes mil razones mejores para hacerlo que esa.

Recuerda que escribir es la mejor forma de escapar de la realidad, de huir sin apenas moverse y de inventar futuros que te permitan comenzar de cero. Escribir es como hilar caminos por los que nunca hubieras imaginado pasear, porque hay vacíos que solo se pueden llenar desde dentro. Escribir es enfrentar al miedo, es como acortar de un plumazo las noches de insomnio, es el cúmulo de todas esas ganas de soñar (entre letras). Escribir no cura, anestesia. Porque si no puedes arrancar ciertas páginas y escribir otras nuevas, no es futuro, es pasado.

Puedes escribir por necesidad, por inquietud o por pasión. Lo hagas por lo que lo hagas, cada palabra que sueltes te ayudará a mitigar la ansiedad. Quizás lo hagas para sentirte libre, confiando en dejar atrás todo lo que te ata. Es probable que escribas para construir realidades, agitar tu propia conciencia o engendrar pensamientos. Intentando sentirte mejor, menos incompleto. Tal vez escribas imprudentemente, como si eso te fuera ayudar. Y ojalá. Porque no existe nadie que no se vea tentado a soñar pero tampoco conozco a nadie que no tiemble con un punto y final.

 

@Ferlopher

 

(Boyce Avenue – Grenade / http://spoti.fi/2gyTgsJ)

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#Mapmakers

Mírate.

Miras, a lo lejos. Agachas la cabeza. Ya no te sientes cercano, a ningún lugar, a nadie, ni tan siquiera a ti mismo. Has perdido la noción del tiempo. No sabes ni en qué día vives, todos parecen iguales desde que te perdiste. Guardas silencio, permaneces callado y quieto.

Continúa lloviendo demasiado y las calles se empiezan a llenar de charcos que acumulan todas esas cosas que olvidaste decir en voz alta. Lees textos que, por un momento, te hacen creer que puedes dejar de llegar tarde a todos los sitios. Te recomponen, como si romperse hubiera sido fácil. Y entiendes que es mejor haberse calado hasta los huesos que no haber sentido nada. De eso nadie te salva.

Y es que escribir es como sentarse junto a todas esas cosas que no pudiste rescatar y que se acumulan dentro de tu pecho. Leer(te) es como mirarse sin decir nada, intentando rehacer algo para lo que probablemente no queden futuros. Porque hay cosas en las que nadie te ganará nunca pero cuando perdiste por primera vez, lo viniste a perder todo. Pretendes revivir ciertos momentos como si así pudieras salvarlos, aunque lo cierto es que ya es demasiado tarde para aferrarse a algunas cosas. De eso trata la vida, de querer conservar instantes que tienden a desaparecer demasiado deprisa. Pero déjame decirte que jamás el dejarse llevar te había hecho llegar tan lejos. Tal vez ahora sonrías por inercia, como si fueras a sobrevivir o como si pudieras reescribir ciertas cicatrices. Aunque, a estas alturas, nunca sabrás si es más fácil encontrar una salida o una razón.

Puedes tocar fondo, hasta el punto de no ser capaz de hallar de nuevo la superficie. El dolor es el mejor analgésico que tiene la vida para aquellos que caminan de la mano del miedo. Puedes cerrar la puerta, acostumbrarte a vivir en la distancia. Ese lugar tan parecido a ti, con un montón de heridas por cicatrizar. Caminamos por la vida dejando pendiente tal cantidad de cosas que nunca llegamos a aceptar que la realidad no entiende de deudas. Pero párate, mírate y piensa un momento en todo lo que te trajo hasta aquí y ahora te deja sin saber hacia dónde ir. Quizás te preguntes quién eres y tengas la tentación de verte como una guerra que no puede ganarse. Es inevitable no consumirse en el intento. Y es que, se diga lo que se diga, no hay mejor respuesta que olvidarse de una vez por todas de los ojalá, de los por si acaso y de los tal vez. Porque no hay nada más jodido que ganar una guerra sin tan siquiera haber entrado en ella.

 

@Ferlopher

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Déjalo pasar, Palabras

Fuimos, somos y seremos mucho más que palabras.

“Tu razón y tu pasión son el timón y las velas de tu alma marinera. Si alguna vez se rompen, sólo puedes esperar que la corriente te arrastre o detenerte en la mar en calma.” – Kahlil Gibran.

Demasiadas veces. Casi tantas que he perdido la cuenta. Pero, sean las que sean, mejor no digamos cuántas. Neguémoslo todo, no vaya a ser lo que parece. Un secreto a voces, pero nuestro secreto.

Como tantas de nuestras idas y venidas. Como tus ganas de jugar, con las mías. Como cada uno de esos lazos que siempre terminaban por convertirse en nudos. Como todas esas miradas llenas de silencios, que dicen mucho más que cualquier palabra. O como todo este tiempo, que quizás tiene más de lenguaje que de tiempo. Como lo difícil que es no rendirse, a lo fácil que resultaría ver lo evidente. Como aceptar que más vale nunca que tarde, si vamos a esperar por nada. Como entender que hay cosas que pasan por algo, pero que también hay cosas que por algo no pasan. O como ese inconfundible ruido que hacen las cosas que caen por su propio peso.

Secretos, tantos secretos como palabras. Y tantas palabras como maneras de decir las cosas. Aunque a veces lo mejor hubiera sido no decir nada y hacerlas. Tal vez así no habríamos convertido todo esto en un escaparate de lo que pudo haber sido y no fue. Y es que fuimos, somos y seremos mucho más que palabras.

 

@Ferlopher

(Francisca Valenzuela – Prenderemos fuego al cielo / http://spoti.fi/2fD75W9)

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Déjalo pasar

Nada queda por decir salvo adiós

” Parece haber cierto orden en el universo, en el movimiento de las estrellas, en la rotación de la tierra y en el cambio de las estaciones. Pero la vida humana es todo un caos. Todos toman una posición, imponen sus derechos y sentimientos, malinterpretando los motivos de los demás y los suyos propios” – Katherine Anne Porter.

 

Cuando las cosas no son como debieran, ni tan siquiera las buenas intenciones te pueden salvar. Temes no poder detener eso que has empezado. Sabes donde no buscar. Pisas firme y con decisión, pero lo único que hay a tus pies son las cenizas de los sueños e ilusiones que dejaste morir. Crees estar en uno de esos caminos que no llevan a ninguna parte, lamentándote por algo que nunca tendrás y por cosas que nadie nunca sabrá, pero créeme cuando te digo que todo está en el lugar correcto. El truco consiste en seguir respirando y en asumir que el corazón (casi) siempre te marcará el camino de vuelta.

Hay un momento en el que es mejor hacer como si nada hubiera pasado, como si jamás te hubieras encontrado en esa situación o como si nadie te hubiera llevado al límite. Conviene dejar aquello que nunca será. Disfrutar de la tranquilidad de quien sabe que no ha de esperar nada. Sin rencores ni culpas compartidas. Sin mentirnos a nosotros mismos. Es evidente que hay cosas que lamentar, cosas que sin duda desearías borrar, cosas que cambiarías si pudieras. Pero todos tenemos que vivir con los efectos de nuestras decisiones, con las consecuencias de nuestros actos.

Y está claro, nunca es fácil renunciar a algo. No hay peor batalla que la que se libra con uno mismo. Pero será la única victoria que te haga merecedor del resto. Ya va siendo hora de aceptar que todas las historias tienen fecha de caducidad, incluso aquellas que menos lo esperan. Esa fecha siempre termina llegando. Algunas veces el corazón quiere seguir pero la cabeza dice no. Otras es más bien al contrario. Sólo hay que dejarlo pasar. Enseñarse a olvidar. Aprender a vivir.

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Martes con mi viejo profesor.

Como pasado de un presente que no puede dejar de mirar atrás.

“Ningún hombre, durante un periodo considerable, puede llevar un rostro para él mismo y otro para la multitud, sin tener que preguntarse finalmente cuál de los dos es real.” – Nathaniel Hawthrone.

Demasiados claroscuros. Eso es lo que ves cuando, agotado, echas la vista hacia atrás. Te cuestionas qué has hecho. Sientes lástima por ti mismo. Pero ni la madurez ni la perspectiva que te dan los años te permiten ver las cosas con mayor nitidez. Ya no hay vuelta atrás.

Llevas tanto tiempo mintiéndote a ti mismo para poder subsistir, que no concibes otra forma de vida. Dudas. Tal vez la respuesta esté en aquello que ni siquiera te atreves a preguntar. Sin consciencia real de aquello en lo que te has convertido, presumes de lo (mal) vivido. Porque en esta vida no hay tiempo para asumir consecuencias. “¿Para qué?”, escupes hacia tus adentros.

Te plantas ante el espejo, te miras a los ojos y te das cuenta de que ya está todo dicho. Te consuela creer que aún puedes elegir. Pero no. Uno no escoge si recuerda u olvida. Te adaptas a lo que va llegando y aprendes a vivir con ello. Ya no intentas cambiar las cosas, ahora te basta con que las cosas no terminen cambiándote a ti. 

Ha pasado demasiado tiempo y, tras haberte tragado todas las palabras que deberían haberse dicho, tu garganta apenas está ya resentida. Te alimentas de esas personas que aterrizan en tu vida casi por equivocación. Temes que se marchen como lo hicieron las que se fueron quedando por el camino, las de siempre. Las saboreas pacientemente, preguntas, cuestionas todo e intentas comprender sus miedos. Deseas conocer de dónde vienen y hacia dónde van, saber cuál es su historia. Asumes que habrá un tiempo limitado entre ambas partes y haces todo lo posible por construir una complicidad que no se pueda olvidar fácilmente. Demasiado tiempo desaprovechado como para permitirnos que las cosas sucedan por sí solas. Porque tarde o temprano todo vuelve a su sitio. Excepto el tiempo perdido.

@Ferlopher

(X Ambassadors – Renegades)

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#Mapmakers

¿Cuándo perdimos el rumbo?

¿Qué está pasando? ¿Vamos a permitir que el miedo se apodere de nuestras vidas?

Demasiadas preguntas sin respuesta. Vivimos en un mundo en el que el ruido de lo irrelevante nos hace obviar aquello que realmente importa. Nos ponemos intencionadamente una venda en los ojos para no ver lo que no nos interesa o conviene. Y cuando la realidad se hace presente, cuando todos esos miedos que aguardan en silencio deciden hacerse notar, nos quedamos sin palabras. Nos quedamos sin respuestas.

Tal vez sea eso lo que haga falta, que el silencio caiga sobre todos nosotros para que nos veamos obligados a hacer nuestro propio ruido. Que el silencio se vuelva tan intenso que empecemos a extrañar lo verdaderamente importante. Y que nuestra conciencia nos haga recuperar la integridad.

Tenemos miedo al silencio, casi tanto como a la soledad. Esa abrumadora falta de ruido nos obliga a pensar. Nos empuja a actuar. Y nos invita a dibujar nuestro propio camino sin necesidad de seguir a todo ese barullo.

Somos víctimas de nuestra falta de valor, nuestra comodidad y nuestra propia estupidez. Somos tan tontos que creemos que todo irá mejor si nos tapamos los ojos y seguimos el mismo trayecto que el resto de gente, aunque sepamos que no nos lleva a ningún lado.

Sé que da miedo. Que la realidad puede resultar amenazadora. Pero debemos entender que sólo nos podremos enfrentar a ella si nos retiramos esa venda de los ojos. Cuando las cosas parecen más desesperadas es cuando más cerca estamos de comenzar a luchar.

¿A qué esperas? ¡Deja de pensarlo y hazlo! Lo que sea. Hazlo ya. Todo. Y vuélvelo a hacer. No importa que nadie esté de acuerdo contigo ni lo que los demás puedan pensar. Dentro de unos años no querrás estar pensando en el camino que no recorriste por miedo (a empezar a dibujar).

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#Mapmakers, Sin categoría

Mitad de ti, mitad de allí.

“Quizá todos demos indiscriminadamente lo mejor de nuestros corazones a aquellos, que en cambio, apenas piensan en nosotros.” – T. H. White

Nací y crecí en un lugar como otro cualquiera, sin nada realmente especial, con personas (más o menos) normales, como tú o como yo, pero con ese particular encanto que te hace ir descubriendo poco a poco lo que la vida te puede (o debe) deparar.

Es un lugar de esos que te invitan a creer en ti, a confiar en los demás, en la amistad o en el amor, y en la importancia de una noche cualquiera de verano, capaz de cambiar todo tu mundo sin que apenas lo puedas evitar.

Es un sitio lleno de magia, la propia o la que otros emanan, la que recibes un día sin darte cuenta, cuando ya sientes que formas parte de él. Esa magia que a veces nuestro lado más crítico y amargo no nos permite ver, esa magia que puede tornarse en envidia si no encuentras tu milagro, o si ese milagro no termina de encontrarte a ti.

Ese lugar me ha visto crecer y aprender, demasiado (poco) en algunos casos. Me ha dado tantas lecciones como la propia vida, con su lado más alegre y su lado más jodido. También me ha enseñado a decir adiós, unas veces sin previo aviso y otras muchas con retornos que han sabido más bien a poco.

Esa pequeña parte de ti (y de mi) que se identifica con este texto, jamás debería olvidar que lo que somos se debe al lugar donde hemos nacido y crecido. Todos y cada uno de nosotros se lleva, quiera o no, algo de allí y tiene la obligación de devolverlo, al menos en la misma proporción. Porque la mitad de lo que ya podrías ser depende de lo que hayas sido capaz de encontrar en ese camino (lleno de cuestas). Y porque la otra mitad de lo que podrías llegar a ser, puede marcar el camino de muchos otros que vendrán después.

Un lugar como otro cualquiera, sí, pero un lugar en el que nos dejamos la vida (por disfrutar) para que otros puedan (soñar y) descubrir lo que la vida les puede deparar.

@Ferlopher

 

(Wiz Khalifa – See you again / http://spoti.fi/1GjxtMU)

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